
El Comando Sur de los Estados Unidos ejecutó este viernes un nuevo operativo letal contra una embarcación en aguas del Mar Caribe, cerca de Venezuela, bajo la acusación de tráfico de drogas. Según el informe oficial emitido por las fuerzas armadas, el ataque resultó en la destrucción total de la lancha y la muerte de sus tres tripulantes. A través de redes sociales, las autoridades compartieron un video donde se observa el momento exacto en que el navío estalla en llamas tras la intervención militar estadounidense en rutas marítimas estratégicas.
Con este reciente suceso, la cifra de víctimas mortales en operativos similares asciende a 133 personas desde el inicio de la actual ofensiva en septiembre. Bajo las órdenes del comandante Francis Donovan, el Comando Sur ha intensificado sus «ataques cinéticos» en el Caribe y el Pacífico oriental, sumando tres intervenciones tan solo en la última semana. Esta escalada bélica ocurre en un contexto regional complejo, donde la presencia militar de EE. UU. se ha consolidado tras los eventos políticos y militares de principios de año en territorio venezolano.
La administración de Donald Trump justifica estas acciones declarando un estado de «conflicto armado» contra los cárteles del narcotráfico en América Latina. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha defendido la efectividad de estos ataques, asegurando que están forzando el cese de operaciones de grupos criminales, aunque organizaciones internacionales cuestionan la falta de pruebas detalladas sobre la identidad de los fallecidos. El gobierno estadounidense sostiene que estas medidas son estrictamente necesarias para frenar el flujo de estupefacientes que ingresa a su territorio nacional por vías marítimas.
A pesar de la instalación de un gobierno interino en Venezuela liderado por Delcy Rodríguez, el patrullaje y los ataques estadounidenses en aguas internacionales no han disminuido. Los operativos actuales reflejan una política exterior agresiva que prioriza la neutralización directa de objetivos sospechosos por encima de las capturas tradicionales. Mientras el conteo de incidentes aumenta, la región observa con cautela cómo el Mar Caribe se transforma en un escenario de confrontación directa que redefine la seguridad hemisférica y las dinámicas del combate al crimen organizado.



