
La cumbre climática global ha entrado en una fase crítica, chocando frontalmente contra el persistente debate sobre el futuro de los combustibles fósiles. Ante el riesgo de un fracaso en las negociaciones, el secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, ha instado a las naciones a mostrar «flexibilidad» y voluntad política para alcanzar un acuerdo ambicioso.
La principal manzana de la discordia es la inclusión de un compromiso firme para la eliminación progresiva (phase-out) de todas las fuentes de energía fósil: carbón, petróleo y gas. Mientras que un grupo de países de alta ambición climática y pequeños estados insulares exigen una hoja de ruta clara, los países productores de petróleo y otras economías dependen en gran medida de estos recursos, oponiéndose a un lenguaje estricto.
El borrador del texto final de la cumbre ha sido objeto de intensas revisiones, con la esperanza de presentar un compromiso que mantenga vivo el objetivo de limitar el calentamiento global a 1.5 °C. Sin embargo, las delegaciones han alertado que las concesiones mutuas son necesarias para evitar diluir el acuerdo hasta convertirlo en una declaración vacía.
La presión recae ahora en los líderes mundiales para superar los intereses económicos a corto plazo y asegurar un pacto que guíe la transición energética global. La ONU subraya que solo un compromiso unificado permitirá a la humanidad cumplir con sus objetivos climáticos.



