
Un voraz incendio en la refinería Ñico López, ubicada en la bahía de La Habana, generó alarma este viernes tras elevarse una densa columna de humo negro visible desde toda la capital. El siniestro se originó a media tarde en un almacén de la instalación, obligando al despliegue inmediato de equipos de emergencia. Aunque las autoridades del Ministerio de Energía y Minas informaron que el fuego fue controlado sin reportar víctimas, el incidente subraya la extrema fragilidad de la infraestructura industrial cubana, marcada por años de desinversión y problemas técnicos acumulados.
Este suceso ocurre en un momento crítico, con un déficit energético que afecta al 57 % del país durante las horas pico. La Unión Eléctrica de Cuba estima una demanda de 3,100 MW frente a una capacidad de generación de apenas 1,361 MW, lo que traduce la crisis en apagones masivos y prolongados. La situación se ve agravada por la salida de servicio de siete de las dieciséis unidades termoeléctricas debido a averías o mantenimientos postergados, evidenciando un sistema al borde del colapso funcional.

El panorama económico empeora con la intensificación de las restricciones externas y la escasez de divisas, factores que han paralizado la importación regular de combustibles. La falta de suministros estables ha forzado al gobierno a implementar medidas drásticas, como el recorte de jornadas laborales, la reducción de horarios escolares y la limitación del transporte público. Expertos señalan que la recuperación del sector requeriría una inversión multimillonaria inalcanzable para las arcas estatales actuales, mientras la población enfrenta las consecuencias directas en hospitales y servicios básicos.
El incendio en la Ñico López evoca el traumático recuerdo de la tragedia en Matanzas en 2022, reforzando el temor sobre la seguridad de las plantas energéticas. Con una economía que se ha contraído más del 15 % desde 2020, estos incidentes actúan como catalizadores del malestar social en la isla. Mientras el Gobierno cubano denuncia una política de asfixia energética, la realidad cotidiana de los ciudadanos sigue marcada por la oscuridad y la incertidumbre sobre la estabilidad de su red eléctrica nacional.



