
El 2025 será recordado como el año del «doble hito» para el Vaticano. La mañana del 21 de abril, el mundo despertó con la noticia del fallecimiento del Papa Francisco a los 88 años. Su legado, cimentado en la encíclica Fratelli tutti y su incansable lucha por los migrantes y el medio ambiente, dejó una Iglesia más humana y cercana a las periferias.
Tras un cónclave marcado por la rapidez y la esperanza, el 8 de mayo de 2025, el humo blanco anunció la elección del Cardenal Robert Francis Prevost, quien asumió el nombre de León XIV. De origen estadounidense pero con corazón y nacionalidad peruana, Prevost se convirtió en el 267.º pontífice, uniendo por primera vez las raíces de América del Norte y del Sur en el trono de San Pedro.
A diferencia de la sencillez de Francisco, León XIV ha girado sus primeras órdenes hacia una «reforma de la disciplina y la unidad». Entre sus retos principales para el cierre de este 2025 destacan:
- Sanar la polarización: Tender puentes entre los sectores conservadores y progresistas que quedaron divididos tras el sínodo.
- Transparencia financiera: Continuar con la limpieza de las cuentas del Vaticano bajo un modelo de gestión empresarial.
- Paz global: Su primer discurso Urbi et Orbi en Navidad se centró en mediar en los conflictos de Gaza y Ucrania, utilizando su influencia como primer Papa nacido en Estados Unidos.
El año termina con León XIV navegando aguas complejas, pero con la firme promesa de que, bajo su guía, la Iglesia no solo sobrevivirá, sino que «rugirá» con fuerza en la defensa de la fe.



