
Tras semanas de parálisis comercial, la Guardia Revolucionaria iraní (CGRI) ha emitido directrices estrictas para la navegación en el Estrecho de Ormuz. Esta medida surge apenas un día después de que se pactara un alto al fuego de dos semanas entre Irán y Estados Unidos, permitiendo una reapertura cautelosa de esta vía por la que antes del conflicto circulaba el 20 % de la energía mundial.
Debido a la presencia de minas antibuque sembradas durante los enfrentamientos que iniciaron el pasado 28 de febrero, la CGRI ha diseñado un mapa con rutas específicas de entrada y salida para evitar desastres. Según las autoridades, los buques que ingresen desde el mar de Omán deberán navegar hacia el norte hasta la isla de Larak antes de entrar al Golfo Pérsico; para la salida, se ha habilitado un trayecto inverso estrictamente vigilado.
El restablecimiento del paso es una respuesta a las presiones internacionales y a la tregua acordada con la administración de Donald Trump. Sin embargo, Teherán mantiene un «protocolo de seguridad» que asegura el control total iraní sobre el paso estratégico. A pesar del reinicio de operaciones, el clima de tensión persiste debido a los recientes bombardeos en la región, lo que obliga a las embarcaciones a mantener una coordinación directa con las fuerzas de élite iraníes para garantizar un tránsito seguro por esta zona vital para la economía global.



