
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, canceló de manera oficial el polémico proyecto que buscaba comercializar un porcentaje de sus competiciones. La iniciativa contemplaba la creación de la filial FIFA Forward Enterprise para vender el 20 por ciento de sus acciones por una cifra estimada en 20,000 millones de dólares, fondos que se destinarían a las 211 asociaciones miembro.
Sin embargo, la propuesta provocó un categórico rechazo de confederaciones clave como la UEFA y la Concacaf, desatando una profunda crisis institucional. Las asociaciones europeas llegaron a amenazar con un boicot total y la retirada de sus federaciones de los torneos oficiales, incluido el Mundial, si la cúpula directiva abría el fútbol internacional a inversores privados.
Ante la posibilidad de un quiebre definitivo dentro del organismo matriz del balompié, la dirigencia dio marcha atrás a la privatización parcial para frenar las divisiones internas. El colapso del plan financiero refleja las tensiones por la comercialización del deporte y la firme postura de los entes continentales en la defensa del modelo de gobernanza tradicional frente al capital externo.



