Lágrimas y celebraciones en la Ribera Occidental y Gaza mientras casi 2.000 palestinos son liberados de prisiones israelíes.

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En un día marcado por el júbilo y el dolor profundo, miles de palestinos se congregaron en las calles de Ramala, en la Ribera Occidental ocupada, y en Khan Yunis, en el sur de Gaza, para recibir a casi 2.000 compatriotas liberados de prisiones israelíes.

Las escenas de abrazos efusivos, cantos de victoria y lágrimas contenidas contrastaron con el amargo recordatorio de dos años de guerra que han dejado Gaza en ruinas y miles de vidas destrozadas. Este intercambio de prisioneros, parte de un frágil alto al fuego impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, representa un respiro temporal en un conflicto que ha cobrado decenas de miles de víctimas palestinas.

Los autobuses que transportaban a los liberados comenzaron a llegar al mediodía, escoltados por multitudes que ondeaban banderas palestinas y coreaban consignas de libertad. En Ramala, cientos de familiares aguardaban frente al Centro Cultural, rompiendo barreras policiales para abrazar a los recién llegados. «No lo reconocemos, no es el hombre que conocíamos», sollozó la sobrina de uno de los ex prisioneros, Raed Sheikh, un oficial de policía palestino de 51 años que cumplía múltiples cadenas perpetuas por su rol en el linchamiento de dos soldados israelíes en Ramala en 2000.

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Sheikh, quien perdió 59 kilos durante su reclusión, fue uno de los 96 prisioneros condenados por graves delitos –incluyendo ataques mortales durante la Segunda Intifada– que regresaron a la Ribera Occidental. En Gaza, el ambiente fue aún más cargado de emoción.

Alrededor de 1.700 detenidos, capturados sin cargos formales durante las operaciones militares israelíes en la Franja desde octubre de 2023, fueron recibidos en el Hospital Nasser de Khan Yunis. Imágenes de videos virales mostraban a hombres demacrados asomándose por las ventanas de los buses, haciendo el signo de la victoria mientras hombres armados y enmascarados disparaban al aire en celebración.

 «Es un reencuentro emotivo, pero volvemos a un hogar destruido», dijo un familiar a la prensa local, al tiempo que los ex detenidos recibían chequeos médicos exhaustivos por las secuelas de años de encierro. Entre ellos, 154 prisioneros fueron deportados a Egipto, un exilio forzado que tiñó la alegría con amargura.

El acuerdo, firmado en Sharm El Sheikh por líderes de más de 20 naciones y mediado por Egipto, Qatar y Estados Unidos, libera a estos 2.000 palestinos a cambio de los últimos 20 rehenes israelíes vivos retenidos por Hamás, más los cuerpos de 28 fallecidos. Trump, quien aterrizó en Tel Aviv para unirse al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en la Knéset, lo calificó de «amanecer histórico» y urgió a los palestinos a abandonar el terrorismo.

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«Todos serán tratados con justicia», afirmó el mandatario estadounidense, quien elogió a Netanyahu como «el mayor amigo de Israel en la Casa Blanca». Sin embargo, el optimismo choca con la realidad: el pacto no resuelve la reconstrucción de Gaza ni la ocupación israelí, y expertos advierten que muchos liberados podrían ascender a posiciones de liderazgo en Hamás o Fatah, evocando temores israelíes de un «nuevo Yahya Sinwar».

Las denuncias de abusos en las prisiones israelíes –donde al menos 77 palestinos han muerto desde octubre de 2023 por tortura o negligencia, según la Sociedad de Prisioneros Palestinos– empañaron las celebraciones. Un ex prisionero, pidiendo anonimato por temor a represalias, describió las condiciones como «las peores dos años de mi vida», con golpizas sistemáticas y aislamiento.

Organizaciones como B’Tselem han calificado el encarcelamiento masivo de palestinos como una herramienta de control de la ocupación, afectando al 40% de la población masculina adulta en algún momento. Mientras las familias se reúnen en medio de escombros, el mundo observa con cautela.

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El presidente egipcio Abdel Fattah el-Sisi lo llamó «un destello de esperanza» para una solución de dos estados, pero el camino adelante permanece incierto. En Gaza, donde la guerra ha matado a decenas de miles y destruido el 80% de las infraestructuras, los liberados enfrentan no solo la libertad, sino la reconstrucción de vidas arrasadas.

Hoy, entre lágrimas de alivio y gritos de euforia, Palestina respira, pero el conflicto late aún bajo la superficie.

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