
En una jornada que ha conmovido al mundo entero, el papa León XIV protagonizó este Viernes Santo un gesto inédito que no se veía en décadas. Durante su primer Vía Crucis como pontífice, el Santo Padre decidió cargar personalmente la cruz a lo largo de las 14 estaciones en el emblemático Coliseo de Roma, reviviendo con una fuerza física y espiritual admirable el camino de Jesús hacia el Calvario.
El escenario no podía ser más simbólico: el lugar donde los primeros cristianos entregaron su vida por la fe. Bajo el imponente arco del anfiteatro Flavio, la imagen del papa caminando con el madero al hombro rompió con el protocolo tradicional, enviando un mensaje directo de humildad, sacrificio y un retorno decidido a las raíces más profundas de la Iglesia Católica.
Este acto de penitencia personal de León XIV ocurre en un momento de profunda reflexión global. Miles de fieles presentes en Roma y millones a través de las pantallas observaron en silencio cómo el pontífice completaba el recorrido, transformando la ceremonia en un testimonio vivo de entrega. La imagen de León XIV con la cruz a cuestas ya recorre el planeta, consolidándose como el momento más potente y significativo de su joven pontificado.




