
Diversos gobiernos internacionales manifestaron su firme rechazo a los nuevos aranceles dictados por la Administración de Donald Trump, los cuales imponen gravámenes de entre el 10% y el 12,5% a más de 80 naciones bajo la premisa de combatir el trabajo forzoso. La medida provocó una inmediata ola de cuestionamientos diplomáticos y el anuncio de negociaciones urgentes.
Brasil acusó a Washington de manipular un tema sensible para encubrir políticas proteccionistas, mientras que Chile defendió sus estándares laborales y anticipó gestiones para ser excluido del listado. Por su parte, México destacó haber evitado un impacto mayor gracias a las condiciones del T-MEC, manteniendo arancel cero en casi todas sus exportaciones.
En Asia y Oceanía, las reacciones no se hicieron esperar. Japón tildó la decisión de «lamentable» ante el cumplimiento de las normas internacionales, al tiempo que Corea del Sur solicitó mantener el acuerdo comercial previo. Australia y Nueva Zelanda catalogaron los tributos de injustificados e infundados, advirtiendo que incrementarán los costos empresariales. Ante el nuevo escenario, la mayoría de los países afectados prevé agotar las vías diplomáticas para revertir los gravámenes.



