
El recrudecimiento del conflicto bélico en Medio Oriente ha trasladado la tensión de los campos de batalla a los despachos de la FIFA. Mehdi Taj, presidente de la Federación Iraní de Fútbol, puso en duda la participación de su seleccionado en la Copa del Mundo 2026, donde Irán encabeza el Grupo G junto a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda.
Una eventual deserción acarrearía severas sanciones estipuladas en el Artículo 6 del reglamento de la FIFA. Si Irán formaliza su retiro con más de 30 días de antelación, enfrentará una multa de 250,000 francos suizos ($324,750 USD); de hacerlo en el mes previo al torneo, la cifra se duplica a 500,000 francos suizos. Además, la federación estaría obligada a reembolsar todos los fondos de preparación otorgados por la FIFA.
El panorama se complica por el clima político: desde los problemas de visado para la delegación iraní en Washington hasta la controversia por el «partido del orgullo» en Seattle contra Egipto, programado para el 26 de junio. La FIFA advierte que, de iniciarse el torneo, las medidas no solo serían económicas, sino que podrían incluir suspensiones disciplinarias a largo plazo, dejando el futuro futbolístico de Irán en una incertidumbre total.



