
El fútbol italiano atraviesa una crisis institucional sin precedentes. Gabriele Gravina, presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), presentó su dimisión este jueves tras la humillante eliminación de la selección azzurra en la repesca europea ante Bosnia-Herzegovina. Con este resultado, la tetracampeona del mundo se ausentará de un Mundial por tercera vez consecutiva, un hecho calificado por la prensa local como el “tercer apocalipsis” del calcio.
Gravina, de 72 años y en el cargo desde 2018, anunció que convocará una asamblea extraordinaria electiva para el próximo 22 de junio en Roma. A pesar de haber conquistado la Eurocopa 2021, su gestión quedó marcada por los fracasos clasificatorios a Catar 2022 y al Mundial de Norteamérica 2026, además de una pobre actuación en la Eurocopa 2024.
Presión política y futuro incierto
La salida de Gravina se precipitó tras las declaraciones del ministro de Deportes, Andrea Abodi, quien exigió una refundación total del fútbol nacional. “El fútbol italiano debe renovar su dirección”, afirmó el funcionario.
Mientras el nombre de Giovanni Malagò suena con fuerza para tomar el mando, la incertidumbre también rodea al cuerpo técnico. Se especula que el seleccionador Gennaro Gattuso y el mánager general Gianluigi Buffon podrían seguir los pasos de Gravina y presentar sus renuncias en los próximos días, dejando a la Nazionale en busca de una nueva identidad.



