
Rusia ha lanzado uno de sus ataques aéreos más devastadores desde el inicio de la invasión hace cuatro años. Un brutal bombardeo nocturno de varias horas contra Kiev dejó un saldo trágico de al menos cuatro personas muertas y más de 80 heridas, en lo que parece ser la sangrienta venganza prometida por Vladimir Putin tras un reciente ataque ucraniano.
La fuerza aérea de Ucrania detectó una cifra histórica de amenazas en el cielo: un arsenal compuesto por 90 misiles, 600 drones de distintos tipos y un misil balístico de alcance intermedio. Entre el armamento utilizado, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski confirmó el lanzamiento de un misil hipersónico Oreshnik, un arma con capacidad nuclear que demuestra la escalada en la agresividad de Moscú.

El impacto en la infraestructura civil ha sido catastrófico. Las explosiones destruyeron instalaciones de abastecimiento de agua, incendiaron un mercado local y causaron graves daños en decenas de edificios residenciales y varias escuelas. Ante la magnitud de la destrucción y el ensañamiento contra la población civil, Zelenski no ocultó su indignación a través de sus redes sociales, sentenciando con dureza: «Están completamente locos».



