
El Gobierno de Rusia ha tomado medidas drásticas para proteger al presidente Vladimir Putin. Según informes de inteligencia europea, el círculo cercano del mandatario está bajo una vigilancia sin precedentes debido al temor de un posible golpe de Estado o traiciones internas.
La seguridad ahora llega hasta los hogares de sus cocineros, fotógrafos y guardaespaldas, donde se han instalado sistemas de monitoreo constante. Además, estas personas tienen prohibido usar transporte público y solo pueden utilizar teléfonos que no tengan acceso a internet, buscando evitar cualquier filtración de información o rastreo.
Este aumento en la protección ocurre tras una serie de asesinatos de altos mandos militares rusos que han puesto al Kremlin en alerta máxima desde marzo de este año. Se informa que Putin ha reducido sus apariciones en público y pasa la mayor parte de su tiempo en búnkeres fortificados, lejos de sus residencias habituales en Moscú.
La tensión crece debido a los problemas económicos en Rusia y los escasos avances en el conflicto con Ucrania. Estos factores han generado una fuerte división entre los jefes de seguridad del país, aumentando la desconfianza del mandatario hacia su propio equipo de trabajo.



