
Estados Unidos ha lanzado un ultimátum directo al líder venezolano Nicolás Maduro: debe renunciar y abandonar el país de inmediato junto a su esposa e hijo para garantizar su salvoconducto. Esta exigencia, presentada en una reciente llamada telefónica con Caracas, busca desactivar una crisis en escalada.
Sin embargo, la negociación se estancó rápidamente. Washington rechazó la propuesta del régimen de mantener el control de las fuerzas armadas y una amnistía global. El rechazo se produce mientras la administración Trump acelera los preparativos para una fase más agresiva de operaciones, sugiriendo una inminente expansión de las acciones militares a territorio venezolano.
El Departamento de Justicia ya imputó a Maduro y lo calificó de jefe de una «empresa narco-terrorista», ofreciendo una recompensa de $50 millones. Además, la reciente designación del «Cartel de los Soles» como Organización Terrorista Extranjera abre la puerta a invocar la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar de 2001.
El presidente Trump elevó la presión al declarar el espacio aéreo venezolano como «cerrado en su totalidad», un anuncio interpretado como el preludio de un ataque. Mientras tanto, un significativo despliegue militar estadounidense, que incluye el portaaviones USS Gerald R. Ford, se posiciona cerca de Venezuela. La opción diplomática, mediada por terceros, parece haber fracasado, dejando el escenario listo para una confrontación.



