
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha lanzado una severa advertencia al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, declarando que la continuación del conflicto armado es «peligrosa» para Ucrania. Este mensaje se interpreta como un ultimátum desde Moscú, buscando presionar a Kiev para que negocie el fin de la guerra.
Peskov enfatizó que Rusia está dispuesta a alcanzar sus objetivos de la «operación militar especial» por cualquier medio, y sugirió que el camino diplomático sigue siendo una opción si Ucrania acepta las «realidades territoriales» que han surgido del conflicto, haciendo referencia a las regiones que Rusia se ha anexionado.
La respuesta desde Kiev ha sido de rechazo categórico. Funcionarios ucranianos han reiterado que la única base para la paz es la retirada completa de las tropas rusas de todo su territorio, incluyendo Crimea y las regiones anexadas. Zelenski y sus asesores han mantenido una postura firme, señalando que cualquier cese al fuego o negociación debe garantizar la integridad territorial y la soberanía de Ucrania.
El llamado de Rusia a negociar, bajo la condición de aceptar las anexiones, es visto por Ucrania y sus aliados occidentales como un intento de legitimar la agresión. El mensaje de Peskov subraya la escalada retórica y la intención de Rusia de mantener la presión militar y política. El futuro del conflicto depende, en gran medida, de si ambas partes pueden encontrar un terreno común, algo que parece cada vez más lejano dada la naturaleza de las demandas de Moscú y la firmeza de Kiev en defender su territorio.



