
Un trágico ataque suicida cobró la vida de al menos 14 personas y dejó más de dos docenas de heridos durante una protesta pacífica en Kabal, una localidad del valle de Swat. La manifestación, integrada por civiles y agentes de policía que exigían un alto a la violencia extremista en la región, fue alcanzada por la detonación mientras los asistentes reclamaban mayor seguridad al Gobierno. Entre las víctimas mortales se confirman nueve civiles y cinco efectivos policiales.
El presidente Asif Ali Zardari y el primer ministro Shehbaz Sharif condenaron enérgicamente el atentado, expresando sus condolencias y asegurando que las operaciones contra el terrorismo continuarán de forma decisiva. Aunque ningún grupo ha reivindicado la autoría, las sospechas apuntan al grupo Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), movimiento que ha incrementado sus incursiones tras la reaparición de focos militantes en el valle.
Este hecho se enmarca en una preocupante ola de violencia que atraviesa el país asiático, registrando miles de incidentes armados en lo que va del año. Las autoridades locales mantienen en alerta a las fuerzas de seguridad ante el temor de una mayor desestabilización en la zona fronteriza.



