
Un grave incidente sanitario y de seguridad sacudió la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo. Pobladores locales atacaron e incendiaron las carpas de aislamiento del Hospital de Rwampara, tras la negativa de las autoridades de entregar el cadáver de un joven fallecido por ébola. El bloqueo oficial buscaba evitar contagios debido a la alta carga viral del cuerpo, lo cual chocó drásticamente con las tradiciones funerarias de la comunidad.
La destrucción de las instalaciones provocó una caótica evacuación y la posterior fuga de pacientes infectados, quienes se mezclaron con la población general, elevando el riesgo de propagación. Durante los disturbios, un trabajador de la salud resultó herido por pedradas, obligando a la policía a intervenir con gases lacrimógenos y disparos de advertencia.


La situación es crítica: la región registra más de 750 casos sospechosos y al menos 177 muertes provocadas por la variante Bundibugyo, una cepa que no cuenta con vacuna comercial aprobada ni tratamiento específico. Debido a la gravedad y a la expansión geográfica del virus hacia Kampala (Uganda) y zonas en conflicto de Kivu del Sur, la OMS ya declaró el brote como Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional.




