
El huracán Erin, que alcanzó brevemente la categoría 5 en la escala Saffir-Simpson tras una intensificación histórica, se debilitó este martes a categoría 2. Sin embargo, continúa representando una amenaza significativa para la costa este de Estados Unidos, particularmente por el riesgo de inundaciones y marejadas ciclónicas peligrosas, informaron autoridades meteorológicas.
La tormenta, que ya dejó viviendas y carreteras anegadas en Puerto Rico, se localizaba en la tarde del martes a varios cientos de kilómetros al sureste de Carolina del Norte, desplazándose en dirección noroeste, de acuerdo con el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC).
Aunque el ojo del huracán se prevé permanezca lejos de tierra firme, su amplia extensión mantiene bajo alerta a varias zonas. El NHC levantó las advertencias para las Bahamas y las Islas Turcas y Caicos, pero las mantuvo vigentes para sectores de Carolina del Norte y amplió la vigilancia de tormenta tropical hasta el sur de Virginia.
“Esto significa que hay peligro de inundaciones potencialmente mortales de entre 60 y 120 centímetros sobre el nivel del suelo”, advirtió Michael Brennan, director del NHC, quien también alertó sobre la posibilidad de oleaje destructivo y daños graves en la infraestructura costera.
En las últimas horas, medios estadounidenses reportaron que decenas de personas tuvieron que ser rescatadas tras quedar atrapadas en fuertes corrientes marinas.
La actual temporada de huracanes del Atlántico, que se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre, había mostrado un inicio relativamente tranquilo con solo cuatro tormentas nombradas. No obstante, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) mantiene su pronóstico de una temporada más activa de lo normal.
El NHC también informó que vigila dos nuevas perturbaciones en el Atlántico: una con un 60 % de probabilidades de evolucionar a ciclón en la próxima semana, y otra con un 30 %.
Expertos coinciden en que el cambio climático está intensificando la fuerza de los ciclones tropicales. El aumento de la temperatura de los océanos impulsa vientos más fuertes, la atmósfera más cálida incrementa las precipitaciones y el nivel del mar más elevado agrava el impacto de las marejadas ciclónicas.



