
La estabilidad del gobierno israelí ha sufrido un golpe determinante tras el anuncio de los partidos ultraortodoxos de romper su alianza con el primer ministro Benjamín Netanyahu. Esta decisión, tomada a solo cinco meses del vencimiento legal de la legislatura, deja al Ejecutivo sin su mayoría parlamentaria y abre la puerta a una convocatoria de elecciones generales que podrían adelantarse para el mes de septiembre.
El detonante principal de esta crisis política fue el incumplimiento de una promesa clave la aprobación de una ley que garantizara exenciones del servicio militar para estudiantes religiosos. En un contexto de alta presión militar y conflictos activos, el reclutamiento se ha vuelto un tema sumamente sensible para la sociedad israelí, que cuestiona la desigualdad en las cargas del servicio de defensa entre los ciudadanos.
Con la apertura de las sesiones de verano en la Knesset, la coalición se vio obligada a retirar sus proyectos prioritarios y presentar una propuesta para disolver el parlamento. Esta fractura debilita profundamente la gestión de Netanyahu en un momento crítico, limitando su capacidad para aprobar presupuestos o tomar decisiones estratégicas mientras el país enfrenta crecientes tensiones en Gaza, Líbano e Irán. La incertidumbre política ahora domina el panorama en espera de una fecha oficial para los comicios.



